La Cultura de
Puerto Rico
Por Maria Teresa
Babin,
Instituto de Cultura Puertorriqueña, 1973
Al buscar las raíces de nuestra cultura nativa es imprescindible reconocer el
hecho de la existencia del indio borincano y del sedimento que legó a la estructura del pueblo puertorriqueño. Los indios del
Boriquen y el grado de cultura que tenían a la llegada de Cristóbal Colón,
todavía constituyen una fuente inagotable de estudios de antropología. Varios
puertorriqueños se han preocupado por hallar testimonios
pertenecientes a su vida y sus costumbres. Abbad y Lasierra se lamenta al
escribir su Historia en el siglo XVIII de que a los primeros españoles que
vinieron a Puerto Rico les faltase tiempo e instrucción para dejarnos noticias
circunstanciadas del retrato de sus almas.
El numero de indios
que habitaba la Isla se estima entre muchos miles a principios del siglo XVI hasta unos centenares a finales del siglo XVIII, debido primordialmente a las mermas sufridas
en las luchas bélicas, a las enfermedades y a las encomiendas. No obstante,
Abbad y Lasierra consigna el hecho de que hacia el 1780 había todavía indios
entre las fuerzas de la guarnición de San Germán y don Salvador Brau cita un
censo de 1787 en el cual aparece la cifra de 2,302 indios para esa fecha, lo
cual quiere decir que si en el siglo XVIII existían todavía tantos habitantes
indios en la Isla no es posible descartar su influencia étnica y cultural en la
vida del país.
El
vocabulario de nuestra tierra conserva una caudal de voces procedentes de la
civilización taína, incorporadas por los colonizadores a la lengua castellana. La abundancia de nombres indios de lugares, pueblos
montañas y ríos de la Isla atestigua la presencia secular de este primer hombre
de la tierra, al igual que los vocablos referentes a objetos de la casa, a los
frutos tropicales, animales y aves, y a algunos condimentos y platos de la
cocina regional. Don Augusto Malaret clasifica como indigenismos unas ciento cincuenta palabras corrientes en el habla de Puerto Rico, ademas de
señalar varios términos topográficos, y apuntar los indianismos de mas uso. Este caudal expresivo representa una riqueza hereditaria, no tanto
por su cantidad, sino por suscitar y evocar asociaciones que nutren la fantasía.
Palabras como las siguientes fecundan el arte de vivir y de crear en nuestra
tierra: caimito, pajuil y mamey, frutas deliciosas; Caguas, Bayamon, Camuy, Canóvanas,
Yauco, Guánica, Jayuya, Orocovis, Manatí, evocadoras de nombres de caciques y
de lugares indios convertidos en pueblos modernos; batey, bohío, guásima, jobo,
achote, bejuco, por ejemplo se dicen con sabor añejo y cobran en nuestros
labios el valor imperecedero de un ingrediente muy misterioso y fecundo de
nuestra personalidad. No es cuestión de cantidad, sino de calidad, de repercusión
afectiva y honda en el alma de un pueblo. A los
vocablos
aceptados como indigenismos habría que añadir los del léxico español afectados en su
evolución semántica por el taíno primitivo y las voces derivadas de ese tronco.
Los hermanos Juan Augusto y Salvador Perea han hecho
un Glosario etimológico taíno-español, histórico y etnográfico (1941). Habría
que hacer también un estudio serio de ciertas
inflexiones al hablar, de las terminaciones agudas, y de las preferencias acústicas
en la combinación de sonidos, para llegar a precisar hasta qué zonas linguísticas
penetra la influencia indígena en el lenguaje de Puerto Rico.
Las voces de origen taíno matizan el español de la
Isla con reminiscencias del mundo indígena y de la prehistoria del Caribe. Al decir
tabonuci, batey, jajome, Guajataca, Coamo y Tayaboa, se remueven y se afianzan
en nuestra lengua, con carácter físico y afectivo, las lejanas raíces
nacionales, y se establece el entronque sutil de la lengua española que tanto
amamos y cuidamos con la lengua vernácula de los primeros boricuas.
Don Tomas Navarro
Tomás opina que la lengua taína se extinguiría hacia el año 1550 tanto en
Puerto Rico como en Santo Domingo, pero advierte la posibilidad de que en
Puerto Rico, por el aislamiento de ciertas zonas montañosas y acaso por la
mayor densidad de la población, hubiera nucleos de familias indígenas que
mantuvieran la conciencia de su orgen hasta fines del siglo XVIII. Navarro
Tomas alude también a la evidente presencia del elemento indígena en los barrios de Indiera Fría,
Indiera Baja e Indiera Alta, situados en la sierra de San German, dentro del término de Maricao, El distinguido maestro abre un filón
de especulaciones a la curiosidad del lector cuando trae a colación estas reflexiones:
En los montes de
Maricao, donde estan enclavadas las Indieras, es donde se sitúan la mayor parte
de las leyendas y tradiciones del foklore puertorriqueño sobre temas de
maravilla y misterio: cuevas con mansiones desconocidas, muchachas
transformadas en corrientes, hombres convertidos en ceibas, personas
petrificadas en las montañas, acciones de brujos y gigantes, tesoros
escondidos, etcétera.
La cocina boricua es
otro de los veneros más ricos de cultura indígena. Los guanmes, las
alcapurrias, el mofongo, las empanadas de yuca, los jueyes al carapacho, el
casabe y tantos platos de maiz, desde el humilde
funche hasta la delciosa mazamorra, trascienden a costumbres alimenticias muy
antiguas, algunas anteriores al siglo XVI. Aún en la confección de algunos
platos criollos como los pasteles de arroz y de masa puede apreciarse un sabor
especial extraño al paladar español, quizas debido al achote con que le
añadimos color y sabor a la carne y a la masa. Igualmente que
en los alimentos, existen elementos indígenas en la vivienda tradicional.
La casa del indio aborigen se llamaba el bohío herencia que ha pasado tras
generaciones al jíbaro de la Isla. Navarro Tomás hace una escueta descripción
de esta casa, explicando el vocabulario referente a la construcción y al ajuar
de la misma, en el que los nombres indígenas y españoles se entremezclan en el
punto concerniente a la vajilla y al mueblaje. Menciona entre
otros la hamaca, el ture, el tinajero, las bateas, las ditas y las hatacas.
Los asientos de piedra o de madera del bohío indio se llamaban dujos, y hay
algunos ejemplos de los mismos, junto a los collares de piedra, los 'ídolos y
los cemíes, conservados en el Museo de la Universidad de Puerto Rico.
El
número de taínos que ocupaba nuestra isla, estimado por el método de la
correlación entre el sistema económico y la densidad poblacional, no pudo
sobrepasar la cifra de 100,000. El
historiador Arturo Morales Carrión hace oscilar el número de indios entre los
30,000 y los 50,000, repartidos por los yucayeques y tierras que señoreaban
diversos caciques: Agueybana, en Guanica; Areziba, en Arecibo; Mabodamaca, en
Camuy; Guarionex, en Utuado; Urayoan, en Añasco; Mayagoex, en Mayaguez; Caguax,
en Turabo; Macao, en Humacao, y , por tierras de
Loiza, la cacica bautizada por los españoles como el nombre de Luisa.
Al considerar la
desaparición de los indios como grupo diferenciado, la cual se consuma al perderse la
traza de los 2,312 que aún existían en el Año 1797 (Brau, Salvador), debe tenerse en cuenta que mas bien se trata de una
disolución que de una anulación. Los cruces interraciales, por matrimonio y
concubinato, del elemento español y el indio fueron
precoces y frecuentes. De las 71 mujeres que en San Juan, durante el año 1530, estaban
casadas legalmente con españoles, 14 eran indias.
El indio no es solo una reliquia en que aflora en el lenguaje, el
folklore o la melancolía borinqueña. Es un hilo que subyace en los cuerpos concretos de los
puertorriqueños y los liga entrañablemente a América. Sobre él se entrelazan
los llegados de Europa y Africa que ocultan la profunda persistencia del víinculo primario.
Las
investigaciones arqueológicas, entre las cuales destacan las llevadas a cabo
por Ricardo E. Alegría, corroboran los datos históricos según los cuales las
Antillas fueron habitadas por gentes de tres tradiciones culturales. Los primeros pobladores de Puerto Rico, los arcaicos,
desconocían la agricultura y la cerámica, vivían en pequeñas bandas seminómadas,
usaban frecuentemente las cuevas como refugio y para enterramientos, se
pintaban de rojo con hematita, no se aplastaban el cráneo ántero-posteriormente
y sus rudimentarios utensilios estaban hechos de conchas de moluscos, pedernal
y otras piedras. Algunas fuentes históricas nos dicen
que todavía a finales del siglo XV habitaban en la península de Guanahatabeyes (Cuba) y en la de Guacayarima (La Española) algunos
supervivientes de los arcaicos.
Diversos
descubrimientos de culturas precerámicas en Venezuela y Trinidad hacen que varios
autores vean en América del Sur el origen de esta
cultura. Otros, se pronuncian en favor de la Florida como
su punto de origen. Ricardo Alegría, a quien seguimos principalmente en este
resumen, pone en duda ambas hipótesis y llama en cambio la atención hacia un
posible origen centroamericano, basándose en la gran semejanza de algunos
utensilios encontrados en el Monagrillo (Panamá) y los de la cueva de María de
la Cruz, en Loíza, que es el principal yacimiento en Puerto Rico de esta
cultura.
Otro
tipo cultural fue el de los igneri. El principal yacimiento de esta cultura, Hacienda Grande, en Loíza
(costa nordeste de Puerto Rico) demuestra que los igneri eran agricultores y hábiles
ceramistas. Aparecen vasijas de casco
delgado, duro, de fino grano y formas variadas.
Destacan unas botellas de fondo plano. Algunas vasijas presentan asas en forma de D, y eminencias
perforadas. La decoración, sobre una pulida superficie pintada de rojo y
blanco, presenta zonas con finas incisiones. Junto a esta cerámica, son extraordinariamente
abundantes los restos de cangrejos (jueyes) que dan a este
pueblo el nombre de comedor de cangrejos. La existencia de yacimientos análogos
al de Hacienda Grande puertorriqueño en el Saladero venezolano, en Trinidad, en
las Antillas Menores y en las Islas Virgenes, autoriza a afirmar la procedencia
sudamericana de los igneri, excelentes fabricantes de canoas e importadores del
cultivo de la yuca, del maiz y del tabaco, ademas de otras aportaciones de tipo
espiritual.
Como homenaje a la cultura taína el Instituto de Cultura
Puertorriqueña ha procedido a la restauración de un
centro ceremonial indígena del
barrio Caguana en Utuado.
Entre 60 a.d. J.C. y
140 d.d. J.C. Fecha obtenida (mediante el radio
carbono), de la cultura pre-agrícola y pre-cerámica de la cueva de María de
laCruz.
1508 - El 15 de
junio, primera capitulación entre Ovando y Ponce de León. Este
se hace guaitiao de Agueybana.
1509 - En octubre
Juan Cerón, con poderes de Diego Colón, le quita el mando a Ponce de León y
hace un repartimiento de indios.
1510 - Mientras
viene de España el buque con las nuevas disposiciones para la Isla, se rebelan
los indios.
1513 - Se funda el
poblado de Santiago en la desembocadura del rio Daguao (Naguabo), destruído pronto por otra rebelión indígena
que acaudilla Cacimar, cacique de Vieques. Muere Pedro Mejía
defendiendo a la cacica Luisa. Muerto Cacimar los indios se retiran llevándose
algunos españoles, entre ellos a Sancho de Arango, el dueño del perro
Becerrillo que a dentelladas libera a su amo, y es muerto por una flecha
envenenada que le lanzan desde una canoa. Cristóbal de
Mendoza hace una expedición de castigo a la isla de Vieques.
1528 - Los Caribes,
aliados con los Taínos, ocultos en las selvas, llegan a
Aguada, destruyen un monasterio de Franciscanos y siembran constante zozobra. También llegan corsarios franceses.
1569 - Cuando Santa
María de Guadianilla (San German) apenas empezaba a reponerse de un saqueo por los indígenas, fue reducida a cenizas por los
corsarios franceses.